Museo Internacional del Barroco de Toyo Ito en Puebla

Dos grandes esquinas en Puebla
Agosto de 2026
Visitar este museo era un pendiente que traía arrastrando desde cierto tiempo; aunque no lejos, Puebla implica un viaje desde la Ciudad de México. México es un país que ha producido gran cantidad de arquitectos y arquitectura propia; sin embargo, las obras de arquitectos extranjeros me generan un interés especial, ya que generalmente las obras se construyen en los países de origen o residencia, de manera que este museo se presenta como una oportunidad particular. Además, me gustan los arquitectos japoneses, en particular, con su lenguaje minimalista que, además, tienen cierta presencia en México (hay un trío de obras de Tadao Ando, dos de ellas visitables).
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Toyo Ito pertenece a la cantidad extraordinaria de arquitectos japoneses: 8 o 9 galardonados del Pritzker en las 49 ediciones que van al 2026, más que cualquier otra nacionalidad. Él mismo lo gana en 2013, de manera que la invitación a realizar este museo parece no ser casual, aunque realmente fue en 2012, lo que sería un ex-machina para el cliente, más tratándose de una entidad política ávida de publicidad...

Con poca sorpresa, dado que se trató de una iniciativa del gobernador (y básicamente se debe tener sospecha de toda la actuación de los políticos), el museo ha estado rodeado de controversias desde su anuncio: por el posicionamiento político con la invitación a un arquitecto de prestigio (es amplia la lista de obras públicas desarrolladas para propaganda política, y los cortes de listón prematuros de las obras negras, muchas condenadas a convertirse en elefantes blancos precisamente por la falta de un motivo legítimo); otras por el solo nombre del arquitecto y probablemente por hacer a un lado el talento nacional; otra va por la parte de crear un monumento (¿?); alguna comparación superficial con el Guggenheim de Bilbao, mal entendida desde el propio gobernador (el mismísimo Gehry no aceptaba que le pidieran "hacer un Bilbao" así sin más); que no contara con una colección propia y tuviera que iniciar con préstamos; los sobrecostos, que no serían de llamar la atención en el contexto político y nacional, lamentablemente... en fin.
Pienso que mucha de la controversia es gratuita, así como mucho de la crítica arquitectónica en particular. Algunos aspectos sí me resultan relevantes, como lo relativo a la falta de una colección propia, pues me da la impresión de un proyecto improvisado (o de plano que no hay proyecto) y no uno donde se busca renovar o ampliar un museo que va quedando insuficiente, o para concentrar colecciones que están dispersas en varios recintos. Por sí mismos, el perfil del arquitecto y la creación de un edificio emblemático se me hacen decisiones legítimas, en tanto que detrás tengan un proyecto claro (y no sea únicamente el posicionamiento político...), y creo que también hay una racionalidad económica: yo mismo visité por la curiosidad de conocer esa obra de ese arquitecto.
En dos ocasiones el museo reabrió, lo que no comprendo es si cerró tal cual o se trató de ajustes que anunciaron como "reapertura". Sospecho que fue lo segundo. Una de ellas tuvo que ver con el hecho de que para su construcción se recurrió a una sociedad con privados (una maniobra que seguramente solo fue ventajosa para los firmantes...), que se tradujo en una deuda para el gobierno que, al concluirla, le transfirió completamente la propiedad. Sin embargo, el gasto sigue, ya que se pagó deuda con deuda: estos enredos gubernamentales difícilmente acaban rápido y nunca acabarán bien. Esta mancha financiera será de las más importantes en la reputación del museo.
Un punto interesante a considerar en esta historia es que el centro de Puebla fue declarado patrimonio mundial por la UNESCO precisamente por su arquitectura barroca.
No podemos desligar a los edificios de su contexto ni de su historia, aunque podemos recorrerlos, observarlos e incluso disfrutarlos.
Recorrido
Puebla es una de las grandes ciudades mexicanas, una de las que eternamente competirán con la muy concentradora Ciudad de México, y probablemente este museo sea un esfuerzo precisamente por generar espacios (físicos y metafóricos) de competencia.
El museo se ubica en un entronque de dos importantes avenidas de flujo continuo (de hecho, me resultó un poco intimidante incorporarme al estacionamiento), fuera y algo lejos del centro histórico y en una zona de alta plusvalía donde un Bilbao no hará diferencia en el desarrollo. Por otro lado, me parece bien que se instalen espacios culturales fuera de las aglomeraciones típicas.



Estos elementos me recuerdan al Cirque du Soleil por su estética.

Encontré dos espacios como este de abajo, que me gustaron por darle un uso más dinámico al museo.

El recorrido termina en un gran patio central, el cual se rodea para regresar hacia el vestíbulo de entrada, y pasar a la obligada tienda.

En el primer piso se encuentran diversos espacios, como el restaurante, una biblioteca, el taller de restauración, una terraza y un plot-twist para curiosos y suertudos.

Los muros del edificio dan la impresión de hojas de papel dobladas.

Me llamaba la atención que un museo destinado al barroco fuera precisamente uno tan sobrio y blanco y solo eventualmente, y tras la visita, entendí las ideas detrás del proyecto: como que precisamente la curvatura que da la personalidad al edificio tiene la función de crear entradas de luz, creando claroscuros, así como de romper las esquinas rígidas y dar fluidez al recorrido, en un sentido de movimiento.
Como muestra esta imagen, no solo la curvatura de las hojas sino que varias intersecciones generan huecos para el paso de luz.



El edificio me suena bien aprovechado: cuenta con una tienda de buen tamaño, auditorio, restaurante, biblioteca, espacio para restauración de piezas... espero que en la práctica cotidiana sí lo sea.

En el primer piso también se encuentra el "pasillo de Toyo Ito", el plot-twist, pues no es un espacio anunciado, y del que me enteré al final pues ya había concluído el recorrido cuando en la tienda, gracias a que me ven tomando fotos, nos lo mencionan. Presenta un resumen del programa arquitectónico y maquetas. Pensamos que esas explicaciones son necesarias al principio, para apreciar más el espacio en el que estamos mientras que recorremos la colección.

Los sillones largos y curvos son de Kazuko Fujie.


Posterior a la visita vi el documental "Sin manual" que narra las vicisitudes de la construcción. Aunque de pronto parece ser poco más que publicidad de la empresa constructora, cierto es que la obra presentó varios retos de diseño e ingeniería que debieron ser resueltos, más allá de las típicas presiones de tiempo y presupuesto. El equipo del arquitecto siempre estuvo presente, aunque él mismo únicamente apareció un día: lo suficiente para solicitar un cambio en el color de la tapicería de unos asientos que ya estaban en proceso.
Un punto álgido en la trama es cuando les avisan que el gobernador quiere dar su informe de gobierno con el museo de fondo... lo que obliga a tener algo de conclusión y limpieza. En fin...
Hay un proyecto para Barcelona donde Toyo Ito utiliza una solución similar con los muros curvos similares a los que desarrolló aquí.




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