Hotel Camino Real Polanco

Actualizado: 26 ago
Mariano Escobedo 700, CDMX
Agosto de 2024 y septiembre de 2025
De Ricardo Legorreta, forma parte de la obra arquitectónica y gráfica que se realizó con motivo de los Juegos Olímpicos en 1968. Un lugar que se ha vuelto de valor personal y queda como primera entrada. Definitivamente, es un espacio expansivo donde da rienda suelta a todos sus recursos arquitectónicos: el lenguaje por el que se le reconocerá, de fuerte ortogonalidad, la colaboración de diferentes artistas
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Áreas públicas
Aunque el hotel abarca un manzana entera, resulta muy discreto tanto por sus comparativamente escasos cinco niveles como por la vegetación exterior. La entrada se destaca por su cromática, pasando posteriormente por una sucesión de espacios.



Debo resaltar que los colores que dan la bienvenida no son originales: la icónica celosía rosa era originalmente negra, así como el muro amarillo era blanco. Con ello, cambia completamente el carácter del espacio y es un patrón común: un cambio similar ocurrió con las Torres de Satélite. Estos colores son casi un cliché por su asociación a Barragán. El resultado es muy acertado, definitivamente. En la página oficial del despacho se aprecia una fotografía original.

Aunque el lenguaje artístico es innegablemente similar y el propio Legorreta admite de pronto la inspiración tanto en los ranchos que el propio Luis Barragán vio, como en las obras que realizó (aunque no sea el arquitecto que más menciona, por alguna razón...), Legorreta genera su estilo propio y pienso yo que un conocedor un tanto superficial podrá apreciar las diferencias.

Hay y hubo una buena cantidad de obra gráfica, desde su concepción.






El restaurante Huerta se siente un poco anticlimático ya que no es un espacio precisamente íntimo ni tampoco tiene mayor paisaje más que un mural de José Luis Covarrubias (abajo). Se ubica hacia el acceso posterior.


Área de habitaciones

El acabado de las fachadas tampoco es original: el color era más apagado y el material parecía consistir en algún tipo de azulejo.

La pendiente de la fachada genera un buen aprovechamiento del espacio, dando buena privacidad a las habitaciones.

Se aprecia una horizontalidad que difícilmente se ve actualmente en grandes edificios. La construcción tiene cinco niveles en promedio y más bien aprovecha muy bien todo el terreno: el número de habitaciones es inmenso (+-700) y los espacios son generosos y bien distribuidos entre áreas públicas, habitaciones y áreas verdes. En su momento, la ubicación del hotel se consideraba en las orillas de la ciudad; ahora es completamente céntrico.


Las celosías en rosa funcionan cubriendo pasillos.


Por momentos, el hotel da la sensación de un laberinto, con muchas secuencias de pasillos y patios, y es posible desorientarse momentáneamente. Por otro lado, los desniveles básicamente no cuentan con rampas.



Los cilindros son otra aportación de Goeritz, funcionan como muro en el extremo sur del hotel dan lugar a un patio propio, limitando la vista de la calle





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