La ciudad europea
- Arturo Crespo Mocteçuma

- 13 abr
- 14 Min. de lectura
Actualizado: 29 abr
Visitar Europa después de una vida en la CDMX, y únicamente conociendo ciudades mexicanas, se vuelve una experiencia interesante, y lo es más desde una perspectiva un tanto académica: politológica, que es mi carrera; antropológica, que es un gusto; urbanística-arquitectónica, que es mi nuevo campo; y desde la discapacidad motriz, que es mi realidad, ya que uno se vuelve más sensible a las irregularidades. Que la primera ciudad fuera Londres sentó una vara muy alta.
Las diferencias son enormes, pero los detalles son sutiles entre ellas. Londres, Madrid y Paris son mis referentes en este momento. Este texto es una experiencia personal. El orden no tiene especificidad alguna, simplemente vienen conforme voy recordando el inicio del trayecto y cómo fui viviendo las cosas.
En términos llanos, Londres gana de todas, todas. Madrid lo sigue y París mira de lejos, orgulloso de su dramatismo estético. A Londres fui en agosto de 2023; a Madrid y Paris en diciembre de 2025, considerada no la temporada alta (dudo si esto implica una temporada “baja” propiamente). Y, de acuerdo con Wikipedia, Londres recibe más visitantes que Paris, sin embargo, yo sentí más multitudes en la segunda.
Londres me recibió estupendamente sin siquiera dejar la Ciudad de México pues British Airways me ofreció “asistencia” solamente con verme cojear. Ese concepto ahí lo conocí y ahora lo aprovecho en mis vuelos internacionales. Así que, al llegar a Heathrow (LHR) fui recibido por un carrito manejado por la más adorable de las personas, que nos condujo por la inmensa mole del aeropuerto hasta la salida (segunda diferencia: la escala de LHR contra el AICM). La primera fue, sin duda, el ofrecimiento de asistencia. Esto será una constante que veré a lo largo de mi viaje por Londres: la ayuda primero se ofrece, y si se pide se otorga de inmediato y sin reservas. En México, si la hay, generalmente se acompaña de una inquisición: ¿qué tiene usted?

Tercera diferencia: la entrada al Tube desde el propio LHR. La conectividad ha sido algo que he disfrutado mucho en esos lugares y que ahora sufro en la CDMX... Esa línea, la Piccadilly Line llega a la estación, Earl’s Court, que está a la vuelta del hostal en que me quedé, así que el viaje fue rápido y directo: caminé escasas dos cuadras, con banqueta amplia y nivelada (cuarta diferencia...). Desde Earl’s Court sale otra línea, la District Line, que nos llevó enfrente del Parlamento (que, por cierto, es una institución que admiro enormemente como politólogo). En ambos trayectos, la salida a la calle fue sin escalón (step free), y así fue en la mayoría de los casos.

Esta foto fue la oportunidad de tomar al característico carro. Como se menciona adelante: el espacio vacío...
Pagos hechos con tarjeta bancaria contacless, otro concepto nuevo para mí..., que fue la norma y que hizo la movilidad muy sencilla, eliminando la necesidad de tarjetas de transporte o de cargar efectivo. En México, el uso de efectivo se relaciona con la elusión de impuestos. Quinta diferencia, aunque no estrictamente urbana: la formalidad, que permea en cada ámbito posible.

Tomar agua de la llave: sexta diferencia. Algo totalmente ajeno a mi realidad en la CDMX, y algo que definitivamente disfruté, pidiendo Tap Water en todos lados, solo por el placer de hacerlo. Madrid lo tiene también; París no.
¿Dónde están las multitudes?
Posiblemente fueran vacaciones escolares y eso influyera en una menor población y menor tráfico, pero aún así, considerando la escala de la ciudad, y nuestro ritmo de viaje, creo que vimos una normalidad allá. Eso llamó mi atención hacia que no había multitudes: ni en los transportes públicos ni en la calle en general, con excepción de algunos puntos turísticos, que es esperable. Séptima: yo atribuyo a que la red de transporte público tiene una conectividad especial que distribuye a la gente de manera más efectiva y se eliminan los cuellos de botella.

En el corazón financiero de la City, apenas se divisan dos vehículos y unas cuantas personas.
Existe la aplicación de la autoridad de movilidad, TFL, que es de lo más útil y solo en una ocasión indicó erróneamente la ubicación de una parada de autobús, con un margen de error de media cuadra. En CDMX, es de destacar que, el servicio de autobuses es altamente informal e idiosincrático, donde los choferes se comportan más como piratas que como cualquier tipo de prestador de servicios. Personalmente, me da miedo subirme a los camiones, generalmente priorizo los poco más automatizados y cuando voy acompañado.
La prohibición del tráfico vehicular en la zona centro de Londres es otro punto notable. No se me hizo evidente de momento (la "congestion charging zone"), sin embargo, sí se hace notar que la circulación vehicular es muy baja y de vehiculos de alto valor; además, con una fuerte tendencia a ser eléctricos. La menor importancia que tiene el automóvil y que se refleja en otros ámbitos: las casas en los muy afluentes barrios de Kensington, etc., no cuentan con estacionamiento (algo impensable en México), lo que hizo curioso ver a los Rolls-Royce estacionados en la calle. También lo fue ver tantos circulando por la calle, lo que tomé como un signo del tamaño de la economía.
¿Dónde está el centro? Caí en cuenta desde la planeación del viaje que Londres no tenía un solo gran centro como lo tiene la Ciudad de México y la gran mayoría de las ciudades mexicanas: en México lo frecuente es un punto donde tenemos el poder político o civil y al religioso enfrentado en un mismo espacio, que además cumple como punto de referencia general y particular en cuanto a turismo. Hay excepciones, desde luego. En Londres y Paris noté el patrón común: los edificios gubernamentales se encuentran cada uno por su lado, no en la gran plaza céntrica. No sé si Westminster clasifique bajo esta lógica de un centro al enfrentar al parlamento con la abadía, con Whitehall a un lado.
Los ríos...
La Ciudad de México tiene una triste relación histórica con los ríos, y una muy paradójica, pues la zona misma pasó de ser un sistema de lagos a contar el día de hoy con apenas unos cuerpos aislados y un par de riachuelos contaminados. La nomenclatura de las calles, y su trazado un poco, da una pista clara de los rios que hubo.

Se aprecia el Puente de la Torre, la Torre misma, dos edificios de Foster (London City Hall a la derecha y Tower Place West es el conjunto curvilíneo de la izquierda), y el HMS Belfast. La importancia del Rio se da a entender por la localización de cada uno de estos elementos.
La seguridad: en los tantos días que estuve en Londres únicamente noté patrullas avanzando con las sirenas encendidas en un par de ocasiones, así como una sola vez noté a unos policias alrededor de una patrulla estacionada. El resto del tiempo, nada. Mi hipótesis ha sido que hay una vigilancia más técnica que la de tener a la policía en las calles y algún mecanismo de respuesta se desencadena al detectarse alguna situación. En Madrid y Paris noté una presencia policiaca más amplia.

La sinuosidad de las calles. Un detalle interesante es la famosa traza medieval que es irregular y angosta. La Ciudad de México es amplia, es nueva: la ciudad europea ha sido ocupada continuamente desde siglos antes y la guerra constante generó la necesidad de amurallar y así se comprimió el espacio dentro del límite de las murallas (y muchas murallas son ahora grandes bulevares). Un tema curioso en si mismo ya que las ciudades de la antigüedad se caracterizan por tener un plan ortogonal, que por lo demás no tiene nada de extraordinario, ya que es el trazado más sencillo. Con la lectura de “Landlords to London”, entendí que la zona ahora considerada como el centro de Londres fue desarrollado por los propietarios de los terrenos y que gradualmente unió Westminster con la City, naturalmente el espacio con mayor valor. Este desarrollo podría ser considerado idiosincrático y, por el espíritu de emprendimiento privado, las autoridades han estado un tanto ausentes.

Noté que frecuentemente las paradas de camión ocupan la calle, bloqueándola por completo cuando se detienen, como en este caso. Lo mismo en vialidades más grandes, que raramente exceden dos carriles.
Por su lado, la Ciudad de México disfrutó la posibilidad de desarrollar la traza urbana a gusto pues creció muy recientemente, básicamente desde mediados del S.XX, expandiéndose sobre un gran territorio. Oportunidad que se desperdicia y las enormes vialidades no generan movilidad (para este mismo fin se entuban los rios...), entre otras situaciones.
De manera que la City es la única zona dentro de Londres que puede considerarse medieval, pues ni el Gran Incendio de 1666 modificó la traza original. Hoy día, la City presenta un eclecticismo único donde en la misma cuadra hay una tumba romana, una iglesia de 1300 y el Gherkin de Norman Foster.

Se ven: All Hallows by the Tower (año 675), que tiene vestigios del Londinium romano en su interior, junto a Tower Place West de 1992 (N. Foster), visto desde un lado de la Torre que data de 1078.
The Knowledge es, simplemente, algo fenomenal y que comprobé de primera mano: indicas al conductor del taxi que te diriges a Primark de Oxford, él sabe que hay dos y pregunta por cuál y avanza confiadamente. El conductor, Harry, además, fue amabilísimo viendo que trataba con turistas en su primera vez. Esta es una diferencia que ni siquiera tiene lugar a comparación y que, ciertamente, coloca a la ciudad de Londres en otro plano.
La diversidad cultural: en algún momento durante Londres noté que casi no se escuchaba inglés. Asumo que una buena parte es por turismo, otra es por herencia colonial: gente de la India en Londres, latinoamericanos en España, árabes ahí y en Francia. Las burkas, tan controversiales, yo no las conocía. En una anédcota curiosa, esperando al camión rojo a un lado de la casa del Duque de Wellington, una persona se acercó hablando italiano; en el aeropuerto de Barajas me asistió gente de Cuba y, Marruecos; en LHR era italiano-portugués; también eran portugueses los que conducían un camión en Francia. También te da una idea del perfil migratorio, que cubren posiciones de servicio.
Las casas angostas, y en general todos los espacios tienden a ser reducidos. Llamó mi atención de manera particular que el Museo Británico se ubica entre calles interiores.

Vista hacia Great Russell St., desde la entrada al Museo Británico. Tal vez no se aprecie mucho que es una calle angosta de dos carriles.
Londres hace notar que ha sido la capital de un imperio y una o la más importante del mundo históricamente.
De regreso hacia la CDMX, el aeropuerto LHR me recibió como se esperaba: apenas había dado un paso adentro, fui divisado y llevado a asistencia. La cereza del pastel fue cuando me sacan a pista y me llevan a un vehículo que me introduce directamente al avión (Ambulift, se llaman). Recibí esta situación con una emoción particular pues recordé un vuelo con salida remota de Aeroméxico en que hicieron que una mamá cargara la carreola de su bebé por la escalera, en plena lluvia. Cuando habíamos llegado, no fue necesario el Ambulift ya que la aeronave se conectó normalmente a la estación.
Dejar todo eso y volver a México fue difícil.
Ya en suelo mexicano me recibe una silla de ruedas deficiente y que no logra entrar al elevador, así que tienes que bajarte. Llevado por una persona que más o menos exige propina. Pedimos un Uber –ya que ni la conectividad ni la informalidad fomentan un buen uso del transporte público- y lo conduce un tipo tosco que apenas saluda. Llegar a ambas ciudades es una experiencia brutalmente diferente. Bye bye, Harry...
~ ~ ~
En 2025, la visita fue algo breve en Madrid y un poco más extensa en París, en ese orden.
Con la experiencia de 2023, en esta ocasión solicité asistencia oportunamente desde la reserva. Llegué a Madrid con conexión en LHR utilizando British Airways y ambos hicieron su parte con la misma calidad que yo recordaba de 2023. La persona que me condujo fue un poco menos efectiva que en 2023, en parte debido a la dificultad que hubo en entendernos, pero aún así el servicio en su totalidad estuvo a la altura esperada.
Madrid y alrededores
Madrid-Barajas fue un recibimiento curioso pues cuenta con una infraestructura similar a LHR, sin embargo, fue notable que 1) el Ambulift tardó en llegar y funcionar, y no enganchó perfectamente, generando un escalón con el avión, y 2) un tiempo de espera inusualmente largo porque no había personal ni sillas disponibles. Se repite la situación de tener la estación de metro al interior de la terminal 4 y esta vez fueron tres líneas con dos conexiones para llegar al hostal, que está a dos cuadras de una estación mayor, Sol.
Caminar la banqueta y tomar el agua de la llave es tan placentero como en Londres. Se siente un poco más de tráfico vehicular, por momentos únicamente de taxis, aunque la calle emana bastante tranquilidad.

Calle Mayor y Bailén. Al fondo está la Catedral de Santa María Real de la Almúdena. El semáforo rojo detiene un tráfico inexsistente.
Emprendí este viaje ya con algo de conocimiento y práctica en arquitectura, así que busqué las cosas que en México no se ven, tales como castillos y palacios, gótico, murallas medievales. México nació en el Renacimiento, así que el gótico ya daba paso al neoclásico, y por geografía, las murallas no fueron necesarias. A lo sumo, algunas iglesias durante el inicio de la colonia tuvieron una arquitectura imponente y de apariencia defensiva.

El castillo medieval en una casi congelante Segovia.



El entramado de madera o poste y viga, un tipo de arquitectura que yo reconocía de las caricaturas, principalmente, y que tampoco se ve en México.
Fue curioso notar que la arquitectura es bastante diferente a la mexicana. El paisaje puede ser similar, aunque el clima no, al menos durante la época invernal. Pensé que la duración de la colonia (1520s a 1820s) más el necesario intercambio cultural que sigue.
Los trenes son una tecnología que México eliminó y que sería de gran utilidad para la comunicación. Apenas se han habilitado unas líneas (la Maya, llena de controversia, y entre Toluca y Cdmx, dos ciudades muy cercanas). Sería ideal contar con un esquema similar al de Île de France, con cierta estandarización entre las ciudades circundantes, como entiendo que es la idea de la "megalópolis" que conforman la Ciudad de México, el Estado de México, Hidalgo, Puebla, Morelos, Querétaro y Tlaxcala.
El viaje promedio desde Madrid tanto a Segovia como a Toledo es de 25 min; por autopista el tiempo sería mayor a una hora. Y retomo el tema de la conectividad: de la estación sale el camión que te deja cómodamente en el punto importante de la ciudad, considerando que la estación está fuera de la ciudad. 25 minutos es frecuentemente el tiempo que toma cruzar un solo vecindario.


Al poco tiempo de este viaje, hubo un accidente de tren en España que, como suele suceder, puso de manifiesto las deficiencias en mantenimiento. Es irritante que los gobiernos o empresas siempre ahorren en lo importante.
París y alrededores
París-Orly recibe con bastante hostilidad. Ya que no solicité asistencia, al no entender la página de reserva de Transavia, y confiado en que el aeropuerto proveería el servicio, como había sido experiencia, al llegar descubrí que juegan con la barrera del idioma, pretendiendo que no se entiende más que francés y ahí te dejan. Para mi buena fortuna, el recorrido fue corto y no se requirió pasar por mayor seguridad ni migración al tratarse de zona Schengen.
Eventualmente, la barrera idiomática fue cediendo con el descubrimiento de la presencia que tiene el español. Lo que hice fue que al entrar en negocios empecé a leer las cifras en español para que me oyeran, y en una mayoría de casos, a los empleados les tomó gusto la posibilidad de practicar su español. El tema llama mi atención ya que durante un viaje a Cancún, el destino turístico más fuerte de México, todo el mundo nos hablaba primero en inglés, así que me sorprendió la hostilidad que recibí en París, siendo el lugar que es. Será un tema diplomático con el Reino Unido.
Dramático, es la palabra con que definí a París. Todo el paisaje da la impresión de una escena de película, bellamente escenificada. Una vez pasada esa primera impresión, empiezan a resaltar los detalles finos.

Los bulevares parisinos son una anomalía con una historia curiosa en que Napoleón III manda destruir la ciudad medieval y en el lugar de la muralla construye amplias avenidas, con un doble fin, uno estético -muy celebrado, por cierto, y que da la imagen icónica de la ciudad- y uno de muy lamentable pragmática: dificultar el movimiento a la protesta y facilitar la marcha del ejército por las calles. El boulevard Haussmanniano será imitado por casi todas las ciudades europeas, y demás, como México, cuyo Paseo de la Reforma data de la época. De esta manera, es frecuente ver a los centros históricos rodeados de anchos bulevares, donde antes se encontraban las murallas. En París, es el Boulevard Periferique y rodea delimitando perfectamente a la ciudad: fuera, es la Île de France.

Los Campos Elíseos. ¿El hotel de Louis Vuitton aún sin abrir?
Recorrer la Cité Universitaire fue complicado debido al estado de la banqueta, algo que sinceramente me sorprendió. Caminar la calle no mejoró mucho por la curvatura que presenta. Tampoco encontré acceso sin rampa desde la entrada principal, que además son escasos escalones, así que no habría mayor dificultad técnica en adecuar, ni desde ahí hacia la av. Rockefeller.

Espero que se aprecie la irregularidad en el piso en esta imagen de la obra de Le Corbusier dentro de la Ciudad Universitaria de París.
Nota curiosa: el cine y la televisión representan solamente la fracción veraniega y agradable del clima europeo, cuando su “normalidad” es más bien el frio nublado. Como habitante de CDMX, yo desconocía ese frio. Las temperaturas de 0°, o de plano negativas, las conocí de manera muy puntual en un par de ocasiones, pero definitivamente no es frecuente por este rumbo. Ni las adaptaciones, como lo es que salga agua caliente en el grifo ni los climas artificiales. Aunque previne y compré ropa para frios cercanos al 0, en la práctica fue un tanto insuficiente y hubo momentos muy incómodos.

Pensar que esa situación toma meses y que el agradable verano es mínimo, es desconcertante para alguien que habita el trópico, donde los inviernos están a 20°. Concluimos que Emily sólo vive en París unos meses al año. Hablando inglés.

Los tinacos en México son un detalle tan integrado al paisaje urbano en México que difícilmente les ponemos mayor atención. También los cables.
Se trata de ciudades donde ocurre la Historia
Finalmente, aunque en el viaje a Londres de 2023 visité los Cuartos de Guerra de Churchill, la base naval de Porstmouth, etc., fue en esta ocasión que, por el conflicto que Trump está generando hacia la guerra en Ucrania que pensé que mientras yo estaba de viaje, los líderes de estos países están viviendo un drama. Con algo de conciencia de historiador pensé en todo lo que ha sucedido bajo el suelo donde estaba yo parado, las decisiones que se han tomado ahí (tantos tratados con el nombre de París)... Pensar en Napoleón, en las guerras mundiales, en la sede de UNESCO, y un largo etc. En algún momento pasé junto a Pont de l'Alma y escuché que en el túnel fue donde se accidentó Diana.

Por supuesto, hay una infinidad de detalles culturales que cambian. Uno muy curioso que noté en París fue la manera en que te llevan la cuenta en los cafés, a media orden, así como el acomodo de las sillas exteriores.

La Torre Montparnasse, un desatino monumental que uno no espería ver por acá. No concibo cómo es que la orgullosa ciudad de París permitió esta aberración que definitivamente domina el paisaje con una presencia que de otra manera sería exclusiva de la Torre Eiffel. Fue tal el impacto que se prohibieron edificios mayores a doce niveveles en el interior de París (La Défense está fuera de la jurisdicción parisina y es suficientemente lejos). Para estas fechas de 2026, ya se planea hacer una remodelación facial por Nouvelle AOM y Renzo Piano.
Levantada la restricción de niveles, aunque tal vez sin el mismo impacto, la Torre Triángulo (del despacho Herzog & de Meuron) está generando una rechazo similar por su tamaño y, de nueva cuenta, se prohibieron más de ciertos niveles en los edificios parisinos: la historia se repite...

Otra cosa rara y bastante contraintuitiva, que además ocurrió el último día: la estación de autobuses de Bercy. Un espacio enterrado en plena calle (si eso hace sentido), que finalmente resulta que se accede por un parque, no por la calle. Adentro, la señalización es prácticamente nula. Los conductores del autobús sólo hablan portugués. Los Flix Bus también dejan mucho que desear. Está mejor Taxqueña, dijo nuestro amigo. Y es cierto.

Comentarios